"Los ladrones se escudan en la necesidad".
Andrea Nieto Yepes
Estaba saliendo de la UPB por la portería de la carrera 70.
Tenía algo de afán, pues necesitaba llegar a mi casa para realizar
algunas actividades académicas que tenía pendientes. El portero me detuvo, me revisó el bolso
y luego salí hasta el semáforo de la circular 1. Al otro lado, observé
un hombre con un comportamiento extraño, como si estuviera nervioso o
ansioso. Vi que cruzó la calle y se dirigió a la portería de la
Universidad, donde saludó con un “oe, ¿Bien?” al vigilante. Continué con
mi camino. Atravesé la circular primera y empecé a caminar por la 70.
Sentí que me estaban siguiendo, así que miré hacia atrás y vi al mismo
hombre que saludó al portero de la Universidad. Empecé a caminar más
rápido. Aproveché un descuido del individuo y me metí en un local de la
70. Él se alteró, esperó unos minutos afuera del negocio y se fue. Pensé
que todo había vuelto a la normalidad, así que decidí salir y emprender
mi camino. Cuando estaba ya afuera del local, vi que el hombre
sospechoso ya no estaba sólo. Rápidamente entré de nuevo al negocio. Iba
a coger una servilleta para escribirle a la joven del mostrador que me
iban a atracar. El sujeto capta mis movimientos y se me adelanta,
diciendo en vos alta: “hermano, salga que creemos que usted se robó
algo. Usted se parece a un ladrón que vimos que atracó a una señora por
allí”. Asustado, le dije “no, usted me está confundiendo”. El hombre se
alteró más de lo que estaba y a la fuerza me sacó del lugar, diciéndome
“¡Hermano, déjeme trabajar!”. Caminamos unos cuantos pasos de donde
estábamos y me quitó el morral. Allí tenía mi computador portátil junto
con mi Ipod. Mi mirada desconsolada se posó en las manos que sostenían
mi bolso. El sujeto me miró - “Tranquilo que allí a dos cuadras le
devolvemos todo” – dijo. Con rabia le contesté “sí marica, créame
estúpido”. – “Ya sabe, no diga nada ni grite hasta que ya no me vea”- me
respondió. Se volteó junto con el otro hombre y se fueron caminando con
cierta prisa. Yo, sin nada en mis manos, me fui para mi casa.
