jueves, 18 de octubre de 2012

CUANDO TE SIGUEN

"Los ladrones se escudan en la necesidad".
Andrea Nieto Yepes 

Estaba saliendo de la UPB por la portería de la carrera 70. Tenía algo de afán, pues necesitaba llegar a mi casa para realizar algunas actividades académicas que tenía  pendientes. El portero me detuvo, me revisó el bolso y luego salí hasta el semáforo de la circular 1. Al otro lado, observé un hombre con un comportamiento extraño, como si estuviera nervioso o ansioso. Vi que cruzó la calle y se dirigió a la portería de la Universidad, donde saludó con un “oe, ¿Bien?” al vigilante. Continué con mi camino. Atravesé la circular primera y empecé a caminar por la 70. Sentí que me estaban siguiendo, así que miré hacia atrás y vi al mismo hombre que saludó al portero de la Universidad. Empecé a caminar más rápido. Aproveché un descuido del individuo y me metí en un local de la 70. Él se alteró, esperó unos minutos afuera del negocio y se fue. Pensé que todo había vuelto a la normalidad, así que decidí salir y emprender mi camino. Cuando estaba ya afuera del local, vi que el hombre sospechoso ya no estaba sólo. Rápidamente entré de nuevo al negocio. Iba a coger una servilleta para escribirle a la joven del mostrador que me iban a atracar. El sujeto capta mis movimientos y se me adelanta, diciendo en vos alta: “hermano, salga que creemos que usted se robó algo. Usted se parece a un ladrón que vimos que atracó a una señora por allí”. Asustado, le dije “no, usted me está confundiendo”. El hombre se alteró más de lo que estaba y a la fuerza me sacó del lugar, diciéndome “¡Hermano, déjeme trabajar!”. Caminamos unos cuantos pasos de donde estábamos y me quitó el morral. Allí tenía mi computador portátil junto con mi Ipod. Mi mirada desconsolada se posó en las manos que sostenían mi bolso. El sujeto me miró - “Tranquilo que allí a dos cuadras le devolvemos todo” – dijo. Con rabia le contesté “sí marica, créame estúpido”. – “Ya sabe, no diga nada ni grite hasta que ya no me vea”- me respondió. Se volteó junto con el otro hombre y se fueron caminando con cierta prisa. Yo, sin nada en mis manos, me fui para mi casa.